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Octubre del año nueve del segundo milenio La revolución ha de ser la de espíritu. Por Rocio Muñoz
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Caminando, he visto en mis pasos la tremenda injusticia de la cual los
pueblos somos testigos. Todos los pueblos, todos. Carencias, Sufre la humanidad, por luchar día a día el pan cotidiano, por verse coartada en su esencial búsqueda, una que aun inconciente, intuye. Cuanto nos desesperanzamos al pasar a la adultès aveces, cuando vemos que este reino humano se cae a pedazos; entre tanto sufrimiento Cuando se nos ha arrebatado la esperanza, los sueños de un mundo mejor, los ideales. Soñamos con el amor y la libertad, siempre lo hemos hecho; símbolos de grandes guerras y albores de poetas, músicos y hacedores de nuevas creaciones. Pero el mundo bombardea bajeza, todo lo que nos dan los manipuladores de un sistema que asesina la esperanza. La esperanza de ser en el ser. No habrá de cambiar el tejido porque esta enfermo. Tiene cáncer. Sus celulas se han enfermado de mentira, de avaricia, de egoísmo, en fin, de maldad ;nacida de corazones que se han apartado de la verdad, de los valores que tanto engrandecen nuestra humana condición. Muchas veces disfrazados en su apariencia y en su verbo. Camino viendo grandes bibliotecas llenas de palabras y de teorìas que han prometido atraer el bien a los pueblos. Sin embargo la humanidad jactandose de avances, parece retroceder. Una tierra que pide a gritos tras tantos cambios climáticos cambiar nuestra frecuencia y una humanidad que día a día se confunde por tener una distancia abismal entre el sentir y la acción, no hay ser que sucumba a este flagelo. No podemos esperar ver lo esencial cuando todo se manipula desde el endiosamiento de lo ilusorio. Cuando somos testigos de la avaricia de corazones que se enaltecen por acumular desmedidamente materia, quitándole a otros la oportunidad de tener las bases que todo ser humano necesita para solventar su vida en la tierra. Allí se ha levantado una guerra en la que se nos condena a competir haciéndonos unos a otros guerreros de subsistencia, pero no en una batalla común, en una, que esta basada en una completa separatividad individualista. No viéndonos como hermanos, sino como extraños que debemos superarnos en el sentido del “poseer”. Gran vacío y dolor es la respuesta. No puedo describir en estas palabras un avance evolutivo de la humanidad, porque la familia simbolizada como nido que cobija al ser y le enseña lo primordial para el vuelo, se cae; porque hay pueblos que no tienen sus graneros con granos, hay seres que han tenido que condenarse a las búsquedas en tierras extranjeras no por cosas internas, sino por recoger las migas y de ellas hacer pan para enviar a su sangre. Niños que caminan errantes en las calles, seres que se flagelan con vicios, matándose gota a gota. Ignorancia, la letal y más oscura condición adorna el pensamiento de muchos. Y todo se disfraza con la desmedida ilusión del bien material. Y por ello pelean muchos. Porque todo lo que vemos en estas grandes ciudadades y en lo que nos entregan como ideal, apela a ello como la cúspide a la que tenemos que llegar. Muchos lo han hecho y llegando allí, han tomado el camino del amor al poder, envaneciéndose y adoptando semilla de avaricia. Y otros viendo que no hay mas nada, se han dado cuenta del vacío, con el cual llenan su cuerpo de sustancias y estados momentáneos, arrojándose asi al abismo, (muchos símbolos de èxito y poder son ejemplos) . Confusiòn y quejas oigo a diario. Rabìa y desesperanza aprendida. Cansancio en tener que ocupar todo el tiempo de un día sólo en la búsqueda de la subsistencia para llegar a la cúspide que se nos señala como realización. Falacia!!! Esclavitud disfrazada de libertad. Dijeron abolirla pero la disfrazaron como tantas otras cosas haciéndonos creer que avanzamos, mientras caminamos dormidos. Perdí la voz en las protestas, en las filas para dar el voto a un mejor ideal, en noches de discusiones sobre economía y soluciones, en libros para entender algo este modelo. Cuando al fin vino en mí la respuesta. Revolución. He ahí. Pero esta revolución hermanos, ha de ser la de espíritu. Ha de ser una revolución que comience en el corazón de cada uno, nido del ser. Lavando nuestras ropas, y revistiéndonos de guerreros para arrebatar la luz. Extrayendo en primer lugar cada espina que se haya clavado en nosotros, para que no nos duela ni nos interrumpa en nuestro florecer. Poniéndonos el mas excelso traje y abalanzándonos a la batalla para arrebatar desde los misterios , nuestra libertad; la verdadera libertad, la de espíritu. He ahì la luz. Solo así podremos cambiar esta organización, este sistema que tanto mal ha traído. La revolución ha de empezar en el silencio de la búsqueda, desde cada uno. En una nueva siembra de valores. La balanza es el Amor. Todo lo que pese a favor de el ha de ser la semilla a regar. Amándonos, reconociéndonos como creadores, tenemos la libertad de decidir de que lado de la balanza nos ponemos; es tiempo de despertar la conciencia, de entender que la única salida es la revolución interior, la del espíritu, porque nuestras frecuencias suman ala sinfonía . Comencemos buscando, disciplinando nuestro carácter, buscando ser coherentes de pensamiento y sentimiento; volviéndonos a lo espiritual- Anhelando, pensando el bien, imaginando lo mejor de todo muy intensamente, abrazándonos, abriendo nuestros corazones al todo, disfrutando las riquezas que nos rodean que no tienen valor en moneda, dejándonos acariciar por la fuente divina. Así se quitara la ceguera de la ignorancia para florecer en sabiduría. El camino nos llevará si sólo lo deseamos. Creer, pedir, sanarnos, lavarnos y caminar en el amanecer es el llamado abierto a cada uno de nosotros y cada uno de nosotros responsables de ir o quedarnos estáticos. Sólo así se levantaran nuevos líderes, seres que sepan que la medida de todo es el amor, seres que hagan su trabajo con verdadera justicia y equidad. Nos necesitamos todos, comencemos ya en nosotros la revolución. Hermanos o despertamos o terminamos con esta humanidad, hace tiempo estamos desafinando en la gran sinfonía cósmica. Esta sinfonía danza en amor y todo lo que desprende de èl.
Quien quiera entender que entienda. |